sábado, 17 de diciembre de 2016

DISCIPLINA DE LOS NIÑOS CON EL TIEMPO FUERA




TÉCNICA DEL TIEMPO FUERA


El tiempo fuera es una técnica que se utiliza para disciplinar al niño, y que pueda asociar que un comportamiento negativo tiene una consecuencia negativa. Puede usarse a partir de los 18 meses.
Consiste en sentar al niño en un lugar de la casa silencioso y alejado de los estímulos ambientales durante un periodo de tiempo. Por regla general un minuto por cada año de edad que tenga el pequeño. Lo ideal es que sea un lugar básicamente aburrido para él. 
Orientaciones para hacerlo correctamente:
  1. El sitio al que lo retiremos temporalmente debe ser un sitio donde no tenga al alcance juegos o compañía para entretenerse, no un lugar hostil pero si donde no pueda hacer nada  para pasar el tiempo.
  2. Debemos trasladarlo inmediatamente después de aparecer la conducta o en el momento que ha llegado a un punto insostenible, por ejemplo discusión entre hermanos que llega a un punto de descontrol.
  3. No discuta con él, no entre en recriminaciones ni en descalificaciones como eres muy malo, te voy a castigar, me tienes harta, no tienes remedio. Si puede explicarle con un tono calmado pero seguro e imperativo el motivo de su retirada. Para ello, dígaselo concretando su queja, como has pegado a tu hermano no vas a poder jugar con él. Haga caso omiso de sus protestas o promesas. Hay que mostrarse enfadado pero no fuera de control. La idea es lanzarle un mensaje muy claro de que ha hecho algo mal y que estamos disgustados con él. Al respecto puede decirle también de forma muy breve, y ajustando el mensaje a la edad del niño algo así como “me has decepcionado tanto que en estos momentos no quiero estar contigo, me siento muy triste”
  4. No permita que salga antes de tiempo del sitio de aislamiento. Si lo hace, adviértale de consecuencias más negativas como que deberá estar más rato en esta situación.
  5. El tiempo de aislamiento normalmente se calcula en base a un minuto por año del niño, con un máximo de 20 minutos, sin embargo, esto debe ser valorado por los padres. No se aconseja tiempos más largos ya que pueden producir la conducta contraria a la que queremos eliminar.
  6. Si cuando lo vamos a buscar, nos vuelve a mostrar conductas inadecuadas, hay que advertirle que si quiere salir, deberá estar al menos quince segundos si efectuarlas. Manténgase firme en la decisión. Si pasa la prueba, es muy posible que los episodios remitan, si cede aumentarán con toda probabilidad.
  7. En el caso de que haya provocado desperfectos en el interior del habitáculo, ha desordenado o roto alguna cosa, deberá reponerlo o corregirlo con alguna acción antes de salir.
  8. Debemos tener cuidado que esta retirada física no comporte ningún beneficio indirecto al niño. Por ejemplo, si el niño consigue dejar de estudiar o evitar comer algo que no le gusta, lo que haríamos es reforzar la conducta inadecuada.
Esta técnica suele ser muy efectiva, si se utiliza adecuadamente y con decisión. La efectividad de la técnica independientemente de que le estamos retirando la atención es que le estamos despertando contingentemente con la aparición de las conductas no deseadas, uno de los fantasmas infantiles más presentes en la etapa infantil, la ansiedad de separación. Aunque el niño tenga suficiente edad para saber que no será abandonado realmente, el hecho de hacerle revivir esta ansiedad, puede dispararle interiormente ciertas alarmas. Lo que ahora puede temer no es la separación física, sino la emotiva, de tal forma que el niño corregirá su conducta actual y futura, no por las razones de los padres, sino por las suyas, el temor a perder el respaldo emocional de los padres.

Como en todas las técnicas, basadas en la retirada de atención, recuerde que se deben de introducir momentos de atención hacia el niño contingentemente a la aparición de conductas deseadas. El refuerzo verbal y físico ya sea halagos, abrazos, manifestación de alegría, entrega de algún premio …..

jueves, 8 de diciembre de 2016

TRASTORNO DESAFIANTE POR OPOSICIÓN VERSUS COMPORTAMIENTO AGRESIVO




El objetivo de este artículo es ayudar a los profesionales que trabajan con menores a diferenciar entre el Trastorno desafiante por oposición o Trastorno negativista desafiante y el Comportamiento agresivo, una correcta definición del problema permite una mejor elección de la terapia de intervención para su tratamiento. 

COMPORTAMIENTO AGRESIVO.

Generalmente hablamos de agresividad para referirnos al hecho de provocar daño a una persona u objeto, ya sea éste animado o inanimado. Así, con el término "conductas agresivas" nos referimos a las conductas intencionales que pueden causar daño ya sea físico o psicológico. Conductas como pegar a otros, burlarse de ellos, ofenderles, tener rabietas (del tipo de arrojarse al suelo, gritar y golpear muebles por ejemplo) o utilizar palabras inadecuadas para llamar a los demás, generalmente se describen como conductas agresivas. 
De acuerdo con Buss (1961), podemos clasificar el comportamiento agresivo atendiendo a tres variables: 

a) Modalidad, puede tratarse de agresión física o verbal.
b) Según la relación interpersonal, la agresión puede ser directa, por ejemplo en forma de amenaza, o indirecta por ejemplo divulgar un cotilleo.
c) Según el grado de actividad implicada, activa como cualquier conducta anteriormente descrita o pasiva por ejemplo impedir que otro pueda alcanzar su objetivo.

En los niños, suele presentarse la agresividad en forma directa. Este acto puede ser físico, como patadas, pellizcos, empujones....o verbal, como insultos, palabrotas,....
También pueden manifestar la agresión de forma indirecta o desplazada, cuando agreden contra los objetos de la persona que ha sido el origen del conflicto. También se puede manifestar la agresividad de forma contenida con gesticulaciones, resoplidos, expresiones faciales de frustración.....
Los arrebatos de agresividad son un rasgo normal en la infancia. Se convierten en un problema por la persistencia de su agresividad y su incapacidad para dominar su mal genio. 

TRASTORNO DESAFIANTE POR OPOSICIÓN.

La conducta de oposición y desobediente puede ser "pasiva", en el sentido de que un niño puede "no responder", permanecer sumiso, inactivo y tranquilo. Por el contrario, conductas más "desafiantes" incluirán verbalizaciones negativas, hostilidad y resistencia física que ocurrirán al mismo tiempo que la desobediencia. 

Los criterios diagnósticos son:

1. perder los estribos.
2. discutir con los adultos.
3. desafía o rehusa acatar, de forma activa, las peticiones o reglas de los adultos.
4. hacer cosas deliberadas, que molesten a otras personas. 
5. culpar a los demás por errores o conductas inadecuadas.
6. ser muy susceptible o facilmente irritable ante los demás.
7. estar enfadado o resentido .
8. ser rencoroso o vengativo.

Se deben presentar 4 o más de estas conductas durante un mínimo de seis meses ocurriendo mas frecuentemente que en individuos de su edad o desarrollo cognitivo, y provocando un deterioro significativo en el funcionamiento social, académico o laboral.